NO HAY MAL QUE POR CIEN AÑOS DURE

¡¡¡Ay la Sra. María, con qué poco se consuela y qué pronto se contenta!!! Pues hoy me ha venido muy preocupada porque el médico le ha dicho que tiene hipertensión y que tiene que cuidarse y ella que es un pelín hipocondriaca, ya quería que la ingresaran de urgencias.

Yo, con mucha mano izquierda, le he hecho ver que la cosa no era para tanto y que a poco que se cuidara, pronto lo iba a notar. Que bastaba con quitarse la sal de los alimentos y caminar todos los días un poquito. Entonces, le he dado unas cuantas bolsas de pipas sin sal, ricas en potasio y que regulan la presión arterial.

¡¡¡Qué contenta se ha puesto la pobre!!! Al ver que no ingresaba en el hospital y que encima podía tomarse estas ricas pipas, se ha ido más contenta que unas pascuas, eso si, estaba tan agradecida que me ha estrujado entre sus brazos y me ha dado unos cuantos besos de abuela, que todavía me duele la cara.